Fieles en lo ordinario Parte 1

Fieles en lo ordinario

Reflexiones sobre La iglesia ordinaria
“Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones” (Hechos 2:42).
Después de leer La iglesia ordinaria, de John MacArthur, recordé que la iglesia no necesita una nueva identidad ni una estrategia más impresionante. Dios ya ha revelado lo que es Su iglesia y lo que la ha llamado a hacer.

La palabra ordinario puede sonar poco emocionante, pero, en este contexto, no significa algo sin vida, mediocre o insignificante. Significa aquello que es normal conforme al diseño de Dios: creyentes comunes reunidos alrededor de la Palabra, orando juntos, adorando a Cristo, compartiendo la vida, procurando la santidad, sirviéndose unos a otros y proclamando el evangelio.
Estas prácticas pueden parecer ordinarias, pero cuando Dios obra por medio de ellas, los resultados son eternos.
Esta es mi oración por GCCSB: que no nos distraigamos con lo popular, lo impresionante o lo novedoso. Que permanezcamos dedicados al modelo bíblico que Cristo ha establecido para Su iglesia.

1. Cristo es el dueño de Su iglesia y quien la edifica

“Edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mateo 16:18).
La primera verdad que debemos recordar es que la iglesia le pertenece a Jesucristo. Él la llama “Mi iglesia”. La iglesia no es nuestra para reinventarla, redefinirla o utilizarla para nuestros propios fines. Cristo la compró con Su propia sangre.
Pablo exhortó a los ancianos de Éfeso a pastorear “la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre” (Hechos 20:28). Esto le da a la iglesia un valor incalculable. También significa que los pastores, ancianos, líderes de ministerio y miembros somos administradores, no dueños.

Esta verdad nos trae humildad y consuelo. Nos humilla porque no tenemos la autoridad para cambiar el mensaje ni la misión de Cristo. Nos consuela porque el futuro de la iglesia no depende, en última instancia, de nuestra creatividad, fuerza o capacidad.
Debemos servir con diligencia, predicar con fidelidad, evangelizar con valentía y orar continuamente. Sin embargo, solamente Cristo puede salvar a los pecadores, transformar los corazones y añadir personas a Su iglesia. Pablo escribió: “Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios” (1 Corintios 3:6). Debemos creer esta verdad y confiar en ella.

GCCSB, no tenemos que cargar con la presión de fabricar el éxito espiritual. Cristo edifica Su iglesia. Nuestra responsabilidad es confiar en Él y obedecer fielmente Su Palabra.

2. La iglesia es una comunidad de creyentes

“Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas” (Hechos 2:41).
La iglesia recibe a los incrédulos, los ama, los sirve y los llama a poner su fe en Cristo. Sin embargo, la iglesia misma es la comunidad de quienes se han arrepentido de sus pecados, han creído en el evangelio y se han identificado públicamente con Jesús.
Los incrédulos no forman parte de la iglesia. Esto no debería ser controversial; sencillamente es la verdad. Jesús dijo: “Mis ovejas oyen mi voz”. Él tiene una relación íntima con ellas: “Yo las conozco”. Además, ellas muestran evidencia de esa relación: “Me siguen” (Juan 10:27).

Estar presente en el edificio de una iglesia no es lo mismo que pertenecer espiritualmente a la iglesia de Cristo. Jesús dijo que una persona necesita nacer de nuevo para entrar en el reino de Dios (Juan 3:3). La salvación no se obtiene mediante la asistencia a la iglesia, la tradición familiar, el bautismo ni las actividades religiosas. Es por gracia, por medio de la fe en Jesucristo (Efesios 2:8–9).
Esta distinción es importante. Si una iglesia comienza a moldear su doctrina, adoración y prioridades de acuerdo con las preferencias de los incrédulos, tarde o temprano debilitará el mismo evangelio que ellos necesitan escuchar.

Esto sería desastroso para los incrédulos, quienes necesitan ser confrontados con la realidad de su pecado y con su necesidad de Cristo. Pero, aún peor, dejaría a las ovejas sin alimento y espiritualmente vulnerables.

Nuestro deseo en GCCSB debe ser presentar el evangelio con claridad y recibir a cada persona con compasión, pero sin comprometer la verdad. Nunca debemos ocultar el llamado a arrepentirse, creer y seguir a Cristo.
También debemos examinarnos a nosotros mismos. Pablo exhortó a los corintios: “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe” (2 Corintios 13:5). Nuestra seguridad no debe descansar simplemente en nuestra relación con una congregación, sino en la obra salvadora de Jesucristo y en nuestra relación con Él.

Este artículo forma parte de una serie de publicaciones. Manténganse al pendiente de la segunda parte.
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Ulises Galvez

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