La Cena del Señor

Que es la Cena del Señor?

Aquí en Grace Community Church South Bay, enseñamos que nuestro Señor Jesucristo dio a la iglesia local dos ordenanzas:  el bautismo y la Cena del Señor (Hechos 2:38–42). Ambas son esenciales para nuestra adoración, y ambas merecen una participación cuidadosa y en oración.

La Cena del Señor—también llamada comunión—es la práctica de recordar y proclamar la muerte de Cristo hasta que Él regrese (Lucas 22:19; 1 Cor. 11:26). Cada mes, como familia en la fe, participamos del pan y de la copa, que representan el cuerpo y la sangre de nuestro Señor. Esto no es un simple ritual, sino una verdadera comunión con Cristo resucitado, quien habita en cada creyente gracias a Su muerte en nuestro lugar (1 Corintios 10:16). La Cena del Señor es rica en significado: mira hacia atrás, hacia adentro, y hacia adelante. 

Mirando Hacia Atrás

La Cena del Señor, instituida por Jesús la noche de Su traición, está arraigada en la Pascua. La noche antes de la liberación de Israel de Egipto, Dios llamó a Su pueblo a celebrar la comida de la Pascua, recordándoles Su misericordia al “pasar por alto” Su juicio sobre ellos (Éxodo 12:13). En la noche en que fue entregado, Jesús transformó esa comida en algo aún mayor: mientras la Pascua celebraba la liberación de Egipto, la Cena del Señor celebra la liberación que Dios concede a todos los que creen—del pecado, de Satanás, y de la muerte eterna—por medio de la sangre de Cristo, nuestro verdadero Cordero pascual (1 Cor. 5:7).

Mirando Hacia Adentro

Pablo manda a los creyentes: "Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa” (1 Corintios 11:28). Comer y beber “indignamente” trae juicio en lugar de bendición (1 Cor. 11:29). Esto significa que la Cena nos llama a una autoevaluación honesta: ¿Estamos caminando en arrepentimiento? ¿Estamos procurando vivir “de una manera digna del Señor, agradándole en todo” (Colosenses 1:10)? La comunión no es para personas perfectas, pero sí es para personas arrepentidas—para los que se aferran a Cristo y no al pecado. 

Mirando Hacia Adelante

La Cena del Señor también mira hacia adelante a las gloriosas “bodas del Cordero” (Apocalipsis 19:9), cuando Cristo finalmente se unirá con Su iglesia purificada. Cada vez que participamos, lo hacemos con expectativa: la muerte será vencida (Isaías 25:8), la cabeza de Satanás será aplastada para siempre (Génesis 3:15), y Cristo reinará con Su pueblo en gozo eterno. La comunión apunta hacia esa gran fiesta final. 

Quién Debe Participar—Y Quién No

Por la naturaleza sagrada de esta comida, debemos recordar quiénes deben y quiénes no deben acercarse a la Mesa del Señor.

Deben participar:
  • Todos los que se han arrepentido y creído en Cristo para salvación (Marcos 1:15). 
  • Todos los que vienen con fe, humildad y el deseo de caminar con Él. 

No deben participar:
  • Los incrédulos—los que aún no han confiado en Cristo (Juan 3:36). 
  • Los no arrepentidos—los que prefieren el pecado en lugar de a Cristo (1 Cor. 11:27–30).
  • Los que dividen—los que rehúsan reconciliarse con sus hermanos en la fe (Mateo 5:23–24). 

Esto no es para excluir a los pecadores—de hecho, la comunión es para pecadores salvados por gracia—¡pero no debe tomarse a la ligera! Acercarse sin fe, sin arrepentimiento, o sin reconciliación es comer y beber juicio para sí mismo (1 Corintios 11:29). 

Enfocando Nuestros Corazones y Mentes

La Cena del Señor, entonces, es una práctica santa de recordar la obra salvadora de Cristo, examinar nuestros corazones, y anticipar Su regreso. Al reunirnos en la Mesa del Señor como familia, apartemos toda distracción, humillémonos delante de Él, y regocijémonos en el evangelio: que Cristo murió por nuestros pecados, resucitó en victoria, y viene otra vez.

“Porque todas las veces que comáis este pan y bebáis esta copa, la muerte del Señor proclamáis hasta que Él venga” (1 Corintios 11:26). 
"Porque yo recibí del Señor lo mismo que os he enseñado: que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan, y después de dar gracias, lo partió y dijo: Esto es mi cuerpo que es para vosotros; haced esto en memoria de mí. De la misma manera tomó también la copa después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto cuantas veces la bebáis en memoria de mí.  Porque todas las veces que comáis este pan y bebáis esta copa, la muerte del Señor proclamáis hasta que Él venga.
- 1 Corintios11:23-26 (LBLA)